Rutina de desencanto

Captura de pantalla 2014-01-03 a las 12.02.19Foto: Flicker

Me sentía lejano. Absorto. Apenas unos pasos dentro del departamento su voz rompió la nube de silencio que permeaba la noche.

-Mira tu casa, podría ser la casa de cualquier otra persona. Horrible. Tan gris que ahora entiendo por qué tienes tanta mierda en la cabeza ¿Ya te diste cuenta de quiénes son tus vecinos? ¿Qué hay de la puta fama? Bastardo. Dime que al menos te estás pudriendo en dinero. O me voy…

-Ya. Supongo que tienes razón. 

-¡No me jodas, desgraciado! Dime que te pudres en dinero –dijo gritando. Aún estaba algo ebria. Vestía pantalones negros que hacían juego con su blusa dorada.

-Desde luego que me pudro en dinero.

El sonido del hielo golpeado el cristal es la música que regresa el alma al cuerpo, así que puse un poco en dos vasos, agregué unas gotas de limón y dos tercios de ginebra en cada uno. Creí que un trago así conduciría a divertidos actos de despojo. Ella seguía merodeando mientras maldecía cada paso que daba. Su nariz entraba y salía por todo el espacio. Irrumpía mi intimidad sin dar tregua alguna.

-No lo entiendo. ¿Cómo dejaste pasar la mejor ola para ahogarte? ¿Alguna vez te has comprometido a algo, cabrón? No estás bien, nada de esto lo está; quizá debas comenzar a comprometerte con la muerte. ¿Entiendes? Quizá sea la respuesta a toda tu existencia.

– No estoy bien porque no me da la gana. ¡Salud! –brindé mientras le ofrecía su bebida.

-Estás jodido. ¡Jodidísimo, hombre! Ni siquiera tienes una puta botella decente. ¡Maldita sea, me das asco!

-Tengo, como cualquier otro hombre, un pasado quebrantado. En fin. No es obligatorio, no bebas si no lo deseas –dije con voz dulce mientras ella sonreía con maldad.

-Lo que no quiero es dormir en esta pocilga. Quiero ese whisky –señaló una botella casi vacía de Bourbon. –Sírveme un trago de eso. Corre a hacerme ese favor. Al menos no me sentiré tan utilizada. En verdad no sé cómo me convenciste de venir.

-Claro. Aquí tú mandas.

Me levanté del sillón y apagué las luces. Luego puse en marcha una pequeña grabadora que comenzó a reproducir un disco de Chet Baker.

-¿Pasado? No me vengas con mamadas. Mejor dime por qué se fue la perra que te mantiene podrido –reclamó sin piedad.

-Ella se tiró por la ventana. Aún sigo sin poder olvidar la imagen de su cuerpo en el suelo.

-Eso es mentira, hijo de puta.

-No sé mucho, sólo que se mudó a un hospital mental –expresé exasperado. Fui por un vaso para calmar la sed de aquella mujer.

Es muy sencillo preparar un whisky en las rocas: tres pedazos de hielo de agua mineral y luego se rocía alcohol hasta cubrirlos.

-Toma, esto sí que te gustará –dije mientras bailaba con la música de mi colega Baker, quien hacía explotar su trompeta mágica.

-Gracias. Para ser naco tienes modales, prietito –expresó antes de que sus labios besaran el whisky.

-Rompimos –confesé-. El problema de ella fue que le gustaba todo: la vida, el amor… los seres humanos.

-Por favor, ella se fue porque eres un don nadie. No mientas.

-Rutina de desencanto –agregué-; rompimos, eso fue todo. Te hablaría de algo más importante, si hubiese algo más importante que contar.

-¡Carajo! Vine a tu ratonera, eso ya es algo memorable.

-Supongo que sí.

-Tarado. ¿Crees que no? –preguntó intranquila.

-No sé lo que creo. No importa. Estás aquí.

-No tienes nada. Soy más de lo que puedes anhelar.

-Lo que anhelo en este momento es descubrir el misterio que guardas en la entrepierna.

Cambié el tono de voz. Era hora de buscar nuevos propósitos: su naturaleza y la mía debían conocerse de cerca. Sabía que era una chica difícil, pero en ese momento creí que un hombre de vez en cuando debía tener derecho a retos en la vida.

-¡Vete a la mierda, naco –embistió-! ¿Prefieres que te llame naco o indio?

-Te preferiría a ti en calzones.

-No importa. Eres las dos cosas. Me das nauseas.

-Si quieres no hablemos, sintámonos cómodos con las cosas que no nos decimos.

-No sé cómo putas vine a dar aquí –reclamó.

-Estás aquí porque estás huyendo.

-¿Yo? Estás pendejo. Yo no huyo de nada. Eso es una tontería.

-¿Por qué es una tontería?

-No tengo necesidad de huir, soy libre.

-¿Una autopista sin casetas, eh?

-Exactamente así.

Me senté en el mismo sofá que ella y puse mis manos en su rodilla.

-¿O sea que crees que puedes derríbalo todo: puertas, altares, monumentos…?

-No todo, pero sí, puedo con todo -expresó nerviosa.

– ¡Qué curioso! Yo creo que estás aquí porque quieres impresionarme. Y creo también que estás huyendo, un poco más que ayer, porque estás harta del aburrimiento, la desilusión, de la vida y de ti misma.

-¡Me cago de risa! ¿Quieres decir que tú eres la respuestas a todos mis males, prietito?

-Para nada. Yo represento todo lo que necesitas sólo esta noche.

-¿Cómo puedes saberlo?

-Estoy aquí y lo único que veo es miedo, el extraño miedo a la monotonía –dije y luego la besé.

-Puede ser.

-Lo es. Tus braguitas ahora deben estar húmedas.

-¿Siempre tienes que ser tan naco? Sírveme otro trago igual y luego llévame a la cama, quiero que me cojas toda la noche.

-No lo soy. El arte está en provocar que lo creas.

-Aprendiz de Palabrero. 

Yo siempre grito el tuyo

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Foto: thisiscolossal.com

-A Mariana

Finge que tienes nueve años y que no hay cosa más importante que darle la vuelta al mundo en 80 días. Luego tápate los ojos con las manos, cuenta hasta veinte y ven a buscarme. Si me encuentras o no, habremos ganado de todas maneras -no te preocupes por eso-, tú búscame. Yo estaré ahí para jugar cada vez que grites mi nombre. Yo gritaré el tuyo. Yo siempre grito el tuyo.

No dejes de fingir: tienes nueve años. Camina tres pasos a la izquierda, uno hacia abajo y salta al abismo de tu interior. Conoce las rutas por donde caminan tus pensamientos que son escarabajos, escucha tu respiración y los estornudos del corazón cuando te enamoras.

Llega hasta tu mente para ver las proyecciones de tus vidas pasadas. Viaja al pasado. Luego siente las letras de todas las palabras que has escuchado y nada en la lagrima de recuerdos que llega hasta tu mejilla. Camina sobre las arrugas de tu piel que se forman por la gravedad de la Tierra; si no te gusta puedes fingir que estás en la Luna; conquista el territorio con tus pasos de astronauta lentamente hasta llegar a tu boca. Siéntate sobre tus labios y colúmpiate en ellos. 

Haz lo que te venga en gana, pero no dejes de fingir. Tienes nueve, no lo olvides. Salta nuevamente en paracaídas hasta llegar al comienzo de este juego. Luego grita mi nombre. Yo estaré ahí para jugar cada vez que grites mi nombre. Yo gritaré el tuyo. Yo siempre grito el tuyo, aunque a veces simplemente no te veo. 

-Aprendiz de Palabrero.

25. Vodka y recuerdo

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Querida Luciana:

Hay días de ginebra y hay días de whisky y hay temporadas de amor y otras tantas de odio. Hay un trago para cada estado. Luciana, esta noche soy un espíritu agotado; necesito un consomé de pastillas con vodka y antes o después de eso, necesito que las cosas dejen de arrojarme recuerdos de ti. ¡Diablos, cómo te necesito!

Hace unas horas pude leer tu mail. ¿Qué hay? Un clima lleno de cosas que no valen la pena. Calendarios que se mueven pero aquí sigue siendo ayer. Hay una amenaza constante, todo permanece igual.

Desde hace 318 días todo ha ido mal. Querida, la jodida vida enserio. Dios está enojado. Dios me manda lluvia y truenos. Dios me quiere ver castigado y aullando. Y yo no tengo tiempo de improvisar atajos de dimensiones bíblicas. A los 25 años ya no lo quiero hacer, sencillamente me quiebro antes de apretar los puños.

Cariño, tienes que anticiparte y estudiártelo; tres años pasan como una bala. Si no, ponte a planear tu propio fallecimiento.

Las noches te apachurran, no duermes. Tienes más cigarros, pastillas y cuentas por pagar que amigos. Colecciones enteras de recuerdos con resaca. Polvo en las bolsas de la ropa sucia y algunas migajas de comida en el refrigerador.

Si eres displicente habrás llegado con tics y con el hígado con chispeantes perforaciones al segundo tercio de ese año. Habrás conocido a muchas personas y la gran mayoría te habrá defraudado, traicionado o te habrá olvidado, como habría de esperarse.

A los 25 es difícil volver a enamorarte, porque ya no eres tan ingenua; y dejas de ser ingenua, primor, porque aprendes que serlo cuesta caro. A los 25 estarás exhausta. Te lo cuento yo. Créeme. No es algo temporal. No es una crisis momentánea. En realidad comienzas a estar fuera de juego. Así que cuídate.

Eso. Ahora debo recordarte que la última vez que nos vimos no la he olvidado. Siento haberte ofendido con las tonterías que dije. En el fondo soy alguien indefenso, todo me da miedo. Escribe cuando puedas.

PD: No dejes de quererme, necesito que me quieras. ¡Quiéreme!

-Aprendiz de Palabrero.

No salga de casa

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A mí no me gusta la turbulencia ni las turbinas incendiarias, prefiero la comodidad de un autobús volcándose a velocidad incuantificable.

Desde muy chico aprendí que los accidentes me miran de cerca y con ojos del diablo. Soy propenso a una muerte trágica; dejaré todo sin previo aviso y con dolor, lo sé.

Esta tarde, en la carretera boscosa México-Toluca, estuve a punto de ser rebanado por un Mercedes Benz, gracias al descuido de Gina quien quitó la vista del camino por dos segundos. Si no fuse por la pericia del conductor -que momentos después nos mentó la madre-, ahora mismo estaría preparándole la cena a Satanás, o en el mejor de los casos –y eso ya es decir mucho- quemaría bombones mientras escucho algún ángel del cielo.

Luego de un rato concluí que yo dependo vitalmente del cuidado de los demás. Quiero decir que usted me salva cuando realiza una actividad a plena conciencia. ¿Cuál será la acción que defina mi sigueinte paso? Sólo Dios sabe.

Sea lo que fuere, estoy aquí. Sentado, escribiendo, mezclando mis dedos con el teclado como si fuesen puños contra la nada. Porque debo admitir que estoy aquí gracias a usted; y debe saber que estoy perdiendo el tiempo. Es una pena. Lamento informarle que el Sol no calienta mi vida y que todo esto no es lo que esperaba; pero aquí: con mis párpados casansados de abrirse y cerrarse sin razón aparente.

Ya que está al tanto de mi relación con los accidentes, espero entienda la petición que acontinuación le hago. Por favor, no salga de casa este fin de semana. Le ruego que se limite a descansar, cómodo y sin preocupaciones en su cama. Si no hay alternativa y se dirige a la calle, le imploro que lo haga desprevenido. Réstele inteligencia a sus actos. Coduzca sin precaución. Mientras se quede quieto todo marchará bien, se lo prometo. El próximo sábado sera mi primer viaje en avión. Se pronostica  un cielo hermoso y un genial día para morir.

-Aprendiz de Palabrero

Termina pronto

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Mira, yo soy la ceniza de tu cigarro. No sirvo. Sólo existo cuando estorbo. Un ligero toque y la gravedad hará lo suyo. Ahí termino.

Yo puedo soportar el humo y mantener el equilibrio, sé aferrarme al calor y al tabaco; puedo, en verdad puedo pudrir tus pulmones y ser el veneno que necesitas, pero debes entender que tarde o temprano caeré.

Soy tuyo mientras nada pase. Mientras no te haga estorbo. Mientras tus delicados dedos no me lancen lejos.

Mi destino está hecho. Ser la ceniza de tu cigarro me ha ayudado a entender que todo termina pronto. 

Yo no tengo tantas aspiraciones; de ninguna manera. Yo sólo soy la ceniza que estás por tirar. Así que devora ese maldito cigarro de una buena vez. Fuma como si no hubiese mañana. Fuma y hazme polvo con esos sensuales labios.

No necesitas educación, puedes tirarme donde sea. Pero apúrate. Quiero danzar en el aire mientras caigo. Con suerte y una parte de mí se queda en tu cabello o debajo de tu blusa.

Es todo. Estoy bailando. Caer no me hace daño. Bailo, bailo, bailo. No pongas esa cara. Nada es para siempre. Soy una parte de ti que ya no necesitas. En realidad nunca me has necesitado. No importa, yo estoy a salvo si me olvidas.

¡Mira! Caí en tu zapato.  

-Aprendiz de Palabrero

Comenzar en crisis

“Lo que te sucede con ella, aunque no dure más que hoy y una parte de mañana, o aunque dure toda la vida, es la cosa más importante que puede pasarle a un ser humano”. (Hemingway)

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Quizá no esté enamorado de ella, pienso. Cuestionarme al respecto incluso sugiere que pueda no estarlo. Siempre me pregunto estas cosas porque creo que el principio básico de la razón es la duda, por eso lo hago. No miento, sé que si estuviera muerto me daría un tiro para saber con certeza que la vida se convirtió en un recuerdo. Lo cierto es que las respuestas a todo esto no se encuentran en el campo racional, sino en el emocional. Uno debe sentirlas. Por eso suelo dormir tranquilo.

Estoy enamorado, pero eso no quita el hecho que todo sea un desafío. La vida misma me parece la derrota más perfecta. Y pienso que el amor es la peor de las derrotas. Todas las historias que conozco y que he vivido tienen como brújula a la tragedia. No creo que ella y yo juntos seamos invisibles para toda miseria que inunda al mundo. ¿Por qué habría de dejarnos libres precisamente a nosotros?

Pero tengo claro que estar juntos lo resuelve casi todo, en realidad lo resuelve todo. Caminar con ella calma la sed que el mundo tiene por aniquilarme, y siento -de verdad siento- que a ella le pasa lo mismo. La experiencia que hemos adquirido por separado nos ha ayudado soportar toda esa adversidad que conlleva ser adultos.

El sol de la mañana nos arranca de la cama con el mismo palidecer de siempre, pero creo que nuestro amor le brinda un motivo distinto a esta vida idiota. Y seguimos. Si ella me da permiso nos metemos en su mundo, luego nos pasamos al mío, y así nos hemos ido conociendo.

Somos fugitivos de la desazón, huimos mientras nos inventamos esta historia que creemos es mejor que otras porque estamos en constante alerta, siempre en crisis. Y en todo ese lodo troglodita hemos aprendido a resistir.

No sé cuánto dure, pero no importa. Estoy enamorado, le digo. Y ella sabe que en el fondo los escritores no se enamoran tan fácil, pero me cree; no sé cómo lo hace, no sé cómo detecta la verdad en toda esa panafobia que digo tener.

No han sido días tan sencillos, debo confesar. Enamorarse como un loco de una desconocida tiene ciertos inconvenientes, y es precisamente eso: no la conozco. Hemos pasado ratos amargos porque ambos expresamos nuestro amor de formas distintas e impensables. Toda acción implica un riesgo: cada beso es un salto al vacío, cada caricia es un acto de fe y cada que estamos cerca sentimos próximo un futuro incierto.

Vamos, puedo decir que he cometido varios errores, y hay días que ella no deja de joder con sus berrinches, pero no importa, nos toleramos. Creo que vamos algo rápido pero ¿quién mide el tiempo?, ¿a quién le importa? Me gusta el ritmo que llevamos, el misterio de encontrarnos y reconocernos cada vez con mayor atino.

No espero el final de mi relación con ella, aunque sé que existe. Lo bueno es que mientras yo le explico todo esto, ella saca una cajetilla de cigarros, me aprieta fuerte de la mano y me dice: “caminemos, a ver hasta donde llegamos”.

Donde no importe

“¿Para qué desea ser un hombre conocido? Si quitamos la posibilidad de ganar dinero ¿qué mueve a una persona desear ser famosa? Como si de esa manera se lograra la eternidad.” (Guillermo F.)

Mira, soy un desconocido ­–no sé si a alguien le importe esto-, pocas personas saben de mi existencia. Pocos de esos pocos seres son mis amigos, o mis amantes. Supongo que ellos y ellas saben mi apodo y mi edad y la forma como hago el risotto de hongos; y créeme, eso quiere decir que conocen mucho a cerca de mi persona.

Soy un fantasma para las mamás de las tres o cuatro fans que leen con atención mi blog -casi no publico, ni siquiera escribo-. Esas señoras deben preguntarse muy seguido quién soy, el porqué sus hijas lloran o ríen por mí. Pero podrán irse a la tumba sin haberme conocido, no me interesa. De hecho soy polvo para mi fans, desde hace tiempo sólo ven mi feo rostro en sus sueños.

Pensarás que consumo drogas, y no tengo problemas con las drogas, pero en realidad no conozco nada de eso. La primera vez que intenté consumir cocaína en lugar de inhalar respiré y aquella línea blanca se convirtió en tres millones de puntitos que fueron a dar al piso. En fin, el caso que cuando voy a pedir un trabajo inició siendo sincero con las entrevistadoras pero termino contando mitos sobre mí. Nunca me contratan, y quizá no quiero que lo hagan, disfruto ver los ojos de las entrevistadoras cuando les confieso que todas mis declaraciones fueron sacadas de los cuentos de Faulkner, Hemingway o Hank.

Si alguien pudiese conocer más a cerca de mí serían los cantineros o los meseros, pero he descubierto que a ellos no les importa quién eres. Y no me molesta, soy afortunado, no me conocen y creo que esa es mi mejor virtud, mi más grande talento. Y sé que pensarás que esto es algo absurdo, y creo que lo es; el ser humano siempre ha estado aferrado a lo absurdo, pero piensa por un momento en esto:

Imagina que de pronto todos perseguimos el anonimato como una virtud. Las estrellas de cine, los rockstars y los empresarios, todos serían tremendos desconocidos, no habría personas tras el interés público ¿te das cuenta de lo que significa eso? Tu vecina o la mía podrían ser lo que siempre fueron, lo que nunca pudieron ser y al mismo tiempo lo que soñaron. En pocas palabras todos miraríamos eso que nunca vemos, todos encontraríamos cualidades apreciables en cada rincón olvidado.

Por eso no te quité la vista todo este tiempo. Bueno, esa es mi respuesta. Ahora ya te enteraste porque no puedes saber quién soy, y por eso no me interesa saber quién eres. Si aún no te has aburrido de todo esto puedes decirme lo que no eres y podemos dejar que este camión llegue a algún destino que no importe. 

-Aprendiz de Palabrero.

Días en el exilio

Ahora que me encuentro exiliado, harto del mundo, fuera de todo, cerca de ti, explícale a mi corazón que debe bombearte más despacio. Dile a este músculo blandito que en todo caso, para el amor no hay velocidad, pero que este combustible en apariencia es finito. Llévanos de la mano hacia atrás y cuéntanos cómo sabes todos nuestros movimientos. Llévanos. Explícanos, enséñanos a no soltarte.

Ahora que no hay nada, ni nadie, puedo entender que tú has vivido en las paredes de mis sueños. Por eso, y porque siento que he sufrido lo suficiente, puedo darme cuenta que durante este tiempo te estuve esperando. Ahora, que tu campo minado es dulce peligro; que la derrota me sabe a gloria; que la tiricia me la bebo como martini; es momento de que salgas para compartirte este lodo que huele a rosas.

Ahora que mis pensamientos se aferran a tus cabellos condúceme a lo desconocido. Permite que navegue sobre tus mundos. Dime el camino que un ciego como yo debe cruzar. Sé mi destino incierto. Hazlo mi amor, ahora que soy un papalote que no se somete a la gravedad. Ahora que tú eres el viento que no me deja caer.

Ahora que si el núcleo de esto entre tú y yo se rompe o explota, quiero que entiendas que este viaje fue maravilloso. Ahora, mientras eso no pasa, déjame decirte que la felicidad es el silencio del dolor, y que ambas cosas son hermosas cuando estamos juntos.

-Por: Aprendiz de Palabrero-

Así duele menos

[“Yo me hubiera quedado para siempre contigo. Pero no fue posible, y hoy me tengo que ir…”]

En ocasiones me pregunto si es bueno querer más de la cuenta, tomo una aspirina y me respondo que no. Es preferible rendirse antes de comenzar a jugar a ser invencible. Así duele menos. Desistir a una mujer, provocará un dolor de cabeza constante, una falta de salvación propia, una seria animadversión conmigo mismo y ocasionará que el tiempo sea más canijo. Sin embargo, es lo más prudente, reitero… Así duele menos. Por eso esta es una carta de despedida. Aquí dejo lo que ya no será.

Ana, en cambio, dice caminemos de la mano. Y yo no encuentro salida. Y caminamos, y todo marcha como podría marchar el plan de unos terroristas dentro de un avión. Y sabemos que todo terminará con llamas y gritos. Y pienso que hubiese valido la pena. Y no.

Los últimos minutos de cualquier cosa se los dedico a ella. Ella no lo sabe. Aquí el mundo está soportable si miente y dice te quiero. Luego, saco a pasearme al parque, y pienso que sería bueno extrañarla menos de lo que la extraño. Lo olvido: ya se me pasará. 

¡En fin! No me hubiera importado que caminara chueco, que se picara la nariz, que tuviera cuernos y se convirtiera Lucifer. Pese a lo preocupante y terrorífico que me parecía su frivolidad, su ignorancia, sus gustos kitsch, a base de prueba y error la habría amado por los siglos de los siglos. 

No me habría importado arrancarme una oreja, dársela y llamarme Vincent van Gogh. Lo que hubiese sido, lo que fuera… ya no será. Aquí se termina pensar en sus tornadas piernas, en sus vestidos cortos, en sus camisas a cuadros, en sus malos chistes, en mi preocupación por ella. Esto ya no es un grito de auxilio. Esto es la trompeta de retirada.

Por eso me despido de Ana. Con este intento literario que sigue sin progresar. Con mi falta de talento. Con mis lugares comunes. Con la histeria colectiva de las horas que pasamos juntos. Con el recuerdo de todas las veces que me jodió el corazón. Con todos los sueños que le pertenecieron. Con todos mis miedos. Con todas las ganas de arrepentirme… Adiós.

Sólo tu tentempié

Foto: CRISTIAN DIAZ flickr.com

[Ser lo que ya no esperas, esa es mi meta]

Si tienes ganas de algo conmigo, no importa qué: no portes un libro bajo el brazo, no me hables de tu pasado, no olvides vestirte de miedos, no esperes un comienzo inmediato, no me preguntes la hora, no sonrías si no quieres, no intentes tomarme el pelo, no me llames por teléfono, ni corras bajo la lluvia tratando de encontrarme, no hagas ni sientas lo que yo no haga o sienta por ti, no apresures el taxi para que llegues a mi tiempo, no esperes que haga algo bueno por ti… No, no, no, no. No lo hagas. Eso no funciona.

Si fumas un cigarrillo y miras la fresa encendida y te acuerdas de mí: cuenta con un lugar en mi corazón. Un pedazo de mí que puedes usar como te venga en gana: utilizarlo en las noches, a medio día, de motel de paso o de refugio permanente. Un cacho que reservo y preservo para cuando quieras venir a habitarlo.

Si tienes dudas y sales al mundo para encontrar respuestas y no encuentras y vuelves derrotada: en mis días sin horas hay un sábado, y en ese, mi sábado, estaré paciente esperándote en el sillón dispuesto compartirte los mitos que tengo de mí.

Si te oigo decir hijodeputa, pendejo, animal, cojones o boñiga repulsiva: me tendrás comiendo de tu mano. Una mujer que domina el arte del insulto, estará dispuesta a maldecirme en caso de ser necesario.

 Si por fin te hartaste de esperar y ahora sólo hay apatía en tus pasos, estaré firme de tu lado. Si te encanta la idea de viajar lejos, muy lejos, tan lejos como se pueda, créeme, olvidaré mi desprecio por el transporte público.

Si crees que es un buen día para decirme te quiero, no lo digas; guarda esa energía para cuando te sientas enojada y así puedas desenojarte diciéndome cosas lindas y trates de seducir a mi oreja derecha.  

¿Piensas que soy lo mejor? Desengáñate: yo tengo todas las intenciones de hacerte daño. Te lo advierto. Bórrame cuanto antes. En todo caso, debes verme como tu tentempié de cinco pesos, no más no menos. Debo ser tu “un medio más” para que llegues tu “un fin último”.

Si crees que beber ginebra hasta quedar inconsciente es un acto hermoso; vete al demonio: dos personas no podemos creer en ese mismo paraíso. Dos estúpidos juntos es una mala idea.

Y si después de leer todas estas patrañas te quedan ganas de atórame un beso; no dejes de insistir: asáltame, secuéstrame, viólame, mátame. Que yo idiota enamorado de ti, no pondré ni un mendrugo de resistencia.

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